Por si fuera poco, ahora viene la auténtica ruina.
Pagas publicidad, consigues que alguien haga clic y lo mandas a tu página principal para que se pierda entre menús, el “quiénes somos” y la dichosa bola en 3D.
Error mortal.
Si quieres que un desconocido saque la tarjeta, necesitas una landing page. Una página de aterrizaje diseñada milimétricamente con un único objetivo. Sin distracciones. Sin fugas.
Un texto que toque la herida, una oferta clara y un botón.
Ya está.
Las landing pages bien hechas no ganan premios de diseño ni son “pop”, pero son las que pagan las nóminas a final de mes.
En general, ahí fuera está todo pensado para engordar el ego del dueño, recibir aplausos o simplemente “salir del paso”, pero no para meter dinero en la caja.
Tener una página que tarda la vida en cargar por las animaciones, tener un escaparate clonado que aburre a las ovejas, o no usar una p*** landing page cuando toca, te está costando clientes y dinero todos los malditos días. Literalmente.
Y eso se tiene que acabar.
Si has llegado a MAINS buscando un diseño web cuqui, lleno de colorines y fuegos artificiales para enseñárselo a tu cuñado en la cena de Navidad y que te diga lo bonita que es tu empresa… te has equivocado de sitio. Puedes cerrar la pestaña, no pasa nada.
Pero si has llegado hasta aquí desde Google y lo que quieres es dejar de regalarle ventas a tu competencia y destacar de una vez por todas, ya te habrás dado cuenta de de qué va esto.
En MAINS no estamos para hacer obras de arte, ni para rellenar plantillas clonadas, ni para agrandar egos.
Estamos para que factures.
Punto.